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viernes 19 de marzo 2021

Abrazó de nuevo a su hijo robado luego de 32 años de espera

A Jonathan lo robaron de su casa, en Bogotá, Colombia, cuando tenía solo 3 años de edad.

El amor entre una madre y su hijo es eterno. Así pasen los años, uno de lejos del otro, no podrán olvidarse nunca, porque existe una conexión que solo ellos entienden. Eso lo sabe muy bien esta mamá, que pudo reencontrarse con su hijo 32 años después de que desapareciera, no dejó de esperarlo.

Todo el drama comenzó un día del año 1987, cuando el pequeño Jonathan, con 3 años de edad, jugaba con su otro hermano, Alfonso (7 años), en las calles del barrio Minuto de Dios, en Bogotá, Colombia. Fue en ese momento cuando un hombre les ofreció ir a comprar dulces y se los llevó.

Según reseñó El Tiempo, toda la escena fue presenciada por el otro hermano, Juan Jiménez, quien en ese momento tenía 5 años. Jonathan no apareció más, ese fue el detonante del problema. Su madre lo buscó con desespero, sin éxito.

Era un asunto complicado porque el niño había nacido en su casa y no estaba registro civil. “En ese momento sentí un dolor que solamente Dios y uno lo saben, los demás sólo juzgan y critican. Solamente uno guarda ese dolor”, contó Ana Jiménez, en conversación con El Tiempo.

Desde ese 25 de septiembre, la joven de solo 22 años de edad sintió como hubiese perdido un trozo de su vida. Y cada año solo se sumaba más dolor a su carga, que no podía soltar.

El hombre que se llevó al niño fue Camilo Guzmán, amigo de la pareja sentimental de Ana, quien era un sargento de la Policía. Fue el propio Camilo quien le confesó a la madre, en 1994, que él había tomado al niño por ordenes de su pareja.

“Me vino a decir que al niño se lo habían llevado para Estados Unidos y que estaba bien que él iba a estar mejor que conmigo, pues estaba con una familia adinerada“, dijo Ana.

“Yo tenía la ilusión de que algún día lo iba a ver, nunca me fui de la casa porque algún día iba a llegar mi hijo hecho un ‘bizcocho’”, recordó, al admitir que esperaba en algún momento reencontrarse con su pequeño.

Fue Juan, uno de los hermanos de Jonathan, quien decidió tomar con sus manos la búsqueda. En 2007, ya mayor, Juan pudo irse a estudiar a Estados Unidos, con la esperanza de también poder dar con su hermano.

Después de varios intentos, incluso a través de la familia de Camilo, no pudo lograr nada. Su único avance lo tuvo en 2018, cuando se postuló en una compañía de ADN llamada My Heritage, que ofrecían dar kits de ADN personas en búsqueda de un familiar. Envió su historia, recibió el kit y participó.

Sin perder la fe, luego de tantos años, recibió un correo el 2 de diciembre de 2019, que venía de su hermano, quien aún estaba con dudas de comunicarse con algún familiar. Él también había tomado el mismo kit de ADN.

“¡Oye! Soy John, de 34 años y actualmente vivo en Noruega. Fui adoptado en un orfanato en Colombia a la edad de 4 años. No tengo familia conocida, lo cual es parte de la razón por la que tomé este examen. El resultado sugiere que eres mi medio hermano, tío o sobrino”, decía la nota de Jonathan.

“Así que a menos que tú también seas adoptado, ¡parece que estoy muy cerca de encontrar más información sobre lo que me pasó en Colombia en los años 80!”, continuaba el correo.

Sin embargo, aunque parecía la señal que tanto había esperado, Juan pensó que se trataría de un familiar por parte de su papá, a quien nunca conoció. Además, según sus cuentas, no cuadraba la edad que decía el resultado.

Pero, al seguir conversando e intercambiar fotos, descubrió que si era su hermano, mientras este lo contaba la versión de su vida, porque nunca supo que fue robado. “Él creció pensando que su mamá o su papá lo habían tirado a la calle, pero nunca supo que lo habían robado“, dijo Juan.

Todo fue una sorpresa para su madre.”Mi hijo me llamó. Yo estaba aquí en la casa, él oró por mí y después dijo: mamá, lo encontré. Y yo le dije: ¡A Jonathan! Y me dijo: sí. Cuando colgué yo gritaba, dándole gracias a Dios, brincaba, subía, bajaba, llamé a mi familia y a mis amigos“, contó Ana.

Primero Juan viajó a Noruega para ver a su hermano después de más de tres décadas. Desde ahí coordinaron el reencuentro con su madre. El 7 de enero de 2020, llegaron a Colombia y al día siguiente fueron donde la familia.

“Esa primera vez que lo vi yo temblaba, toda la familia estaba pendiente de que no me fuera a dar nada, las piernas como que no me daban, yo estaba parada con el letrero de bienvenida y sentía que me desmoronaba”, dijo Ana.

“Es un milagro porque donde él estaba era difícil de encontrarlo, eso no lo pudo hacer más que Dios y Él utilizó a mi hijo, porque encontrarlo era como encontrar una aguja en un pajar”, agregó.
La espera de 32 años terminó, la familia se quitó un peso de encima y ahora Jonathan está descubriendo todo aquello que le negaron por décadas, sintiéndose dichoso.