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El más reciente terremoto que sacudió Panamá el pasado viernes 9 de octubre liberó una importante cantidad de energía acumulada durante aproximadamente 100 años en el sistema de fallas Azuero-Soná, según explicó Néstor Luque, director del Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá.
El experto indicó que, aunque no se puede predecir cuándo ocurrirá un nuevo terremoto, no esperaría que se repita en esa zona un movimiento de magnitud similar en el corto plazo.
El sismo ocurrió en la península de Azuero, en el suroeste de Panamá. El Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá estimó su magnitud en 7,5, mientras que el Servicio Geológico de Estados Unidos la situó en 7,7.
Luque advirtió que Panamá es un país tectónicamente activo y que existen fallas geológicas cerca de la capital con capacidad para generar terremotos cercanos a magnitud 7.
Un sismo de esa intensidad podría afectar edificios construidos hace más de 30 o 40 años, cuando comenzaban a implementarse las normas de diseño estructural sismorresistente en el país.
Ante este riesgo, las autoridades ordenaron revisar infraestructuras esenciales, como escuelas, centros de salud, estadios y puentes, para determinar si requieren refuerzos.
Hasta la mañana del lunes, se habían registrado alrededor de 350 réplicas. Según el especialista, estos movimientos han disminuido progresivamente en magnitud y frecuencia.
Las réplicas podrían prolongarse durante días o incluso uno o dos meses, mientras el sistema de fallas se reajusta después del terremoto principal.
El sismo no dejó víctimas mortales, pero causó cerca de 30 heridos leves y daños en más de 2.000 infraestructuras, principalmente en la península de Azuero, según los reportes citados por medios internacionales.
