
Carolina tiene 29 años y desde su nacimiento enfrenta un diagnóstico de parálisis cerebral con ceguera cortical, una condición que, según relata su madre Yamilet, fue comunicada por los médicos de manera fría y escueta.
Al momento de recibir la noticia, los especialistas se limitaron a indicar que su hija apenas percibía la luz, sin ofrecer mayores explicaciones, y les entregaron una referencia para una escuela de enseñanza especial.
Este tipo de diagnóstico, que en principio puede ser paralizante para cualquier familia, fue el punto de partida para una lucha impulsada por el amor y la fe.