Escrito por: Jade Venegas.
En los últimos años, muchas personas han descubierto que convivir con un gato no solo es agradable, sino también beneficioso para la salud mental. Esta conexión emocional y terapéutica con los felinos se conoce como gatoterapia.
Aunque no es una terapia médica formal, diversos estudios muestran que los gatos pueden ayudar a reducir el estrés, la ansiedad y la sensación de soledad.
Su ronroneo, por ejemplo, produce vibraciones que tienen un efecto calmante en el cuerpo humano. Según investigaciones científicas, estas frecuencias pueden ayudar a bajar la presión arterial y relajar los músculos.
“Cuando un gato ronronea en tu regazo, tu mente se enfoca en el presente. Es un momento de paz”, explica Marina Torres, psicóloga clínica. Ella recomienda la convivencia con gatos en pacientes con ansiedad leve o depresión.
Además, los gatos tienen una gran sensibilidad emocional. Aunque son independientes, perciben los estados de ánimo de las personas con las que conviven, su presencia tranquila puede brindar consuelo y compañía sin necesidad de palabras.
A diferencia de los perros, los gatos requieren menos atención constante. Por eso, son ideales para personas mayores, quienes viven solas o aquellas con movilidad reducida.
En algunos países, como Japón o Argentina, incluso se utilizan en terapias asistidas en hogares geriátricos y hospitales.
Sin embargo, los expertos aclaran que para que la gatoterapia funcione, debe haber un vínculo positivo. Eso solo es posible si el gato vive en buenas condiciones y se lo respeta como ser vivo, no como “herramienta terapéutica”. Adoptar de forma responsable, llevarlos al veterinario y brindarles cariño es esencial para que el beneficio sea mutuo.
En tiempos de estrés, ansiedad y cambios rápidos, los gatos se están convirtiendo en aliados emocionales silenciosos. No curan enfermedades, pero ayudan a sentirse mejor. Y a veces, eso es justo lo que se necesita.
Con información de Purina.

