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miércoles 05 de enero 2022

Zoológico de Chile aplica segunda dosis de la vacuna contra la COVID-19 a animales

Un tigre de Bengala y un orangután de Borneo forman parte del grupo de 10 animales que recibieron su segunda dosis en el Buin Zoo de Santiago.

Charly y Sandai, un tigre de Bengala y un orangután de Borneo, ambos en peligro de extinción, fueron vacunados contra el coronavirus como parte de un programa experimental único en América Latina que lleva adelante el Buin Zoo de Santiago (Chile).

Con 26 años de vida, Sandai es un ejemplar de orangután único en Sudamérica, con un gran potencial para la reproducción de una especie bajo amenaza crítica de extinción. Charly es, a sus tres años, un inmenso tigre de Bengala, la especie felina más grande del mundo.

Ambos forman parte del grupo de 10 animales que recibieron el lunes su segunda dosis de la vacuna contra la COVID-19 en el Buin Zoo de Santiago, uno de los zoológicos privados más grandes de América Latina, en el marco de una campaña experimental que lleva adelante esta institución tras una donación del laboratorio veterinario Zoetis.

Varias especies de simios y de grandes felinos tienen más posibilidades de contagiarse, según informes de varios zoológicos.

“Sandai es un ejemplar único de Sudamérica, con un potencial reproductivo importante para la especie y eso nos llevó a poner foco en inmunizarlo”, explicó a la AFP el médico veterinario y director de Buin Zoo, Ignacio Idalsoaga.

Se agregaron también grandes felinos como Charly, además de otros tres leones, dos tigres y tres pumas.

La primera dosis fue administrada el 13 de diciembre; la segunda, el 3 de enero. La mayoría de las especies fueron vacunadas sin necesidad de ser anestesiadas, tras un largo proceso de aprendizaje a base de estímulos.

“Es un proceso bien largo, pero a la vez bien bonito”, explica Esteban Idalsoaga, jefe del Departamento de Bienestar Animal del zoológico.

“Cuando son conductas bien complicadas como una inyección, donde ya sabemos que van a tener una molestia o van a sentir el pinchazo, el premio tiene que ser más grande que la molestia”, señala.

El entrenamiento —que en el caso del tigre Charly demoró unos seis meses— se inició al principio tocándole el muslo con un lápiz, para luego usar una púa de puercoespín, sin atravesar la piel. Todo para no anestesiarlos.

“Están viviendo bajo cuidado humano, pero le damos la opción de elegir en la mayoría de las cosas de su vida (…) y también se ahorra el riesgo de la anestesia, que es un riesgo alto”, agrega Esteban Idalsoaga.